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Quxtzal

Un faro a plena luz.

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No es que me sienta deprimido... o sí. Quizás en el fondo todo lo que ha pasado en los últimos años regresa a mi. Yo un poco más débil, mis demonios internos mucho más fortalecidos. Ha llegado un punto cumbre donde comparar fuerza de voluntad con el malestar y la aflicción es casi imposible. Todas las batallas están perdidas. 

Y me resigno. 

En retrospectiva es tan absurdo, tan, tan, tan absurdo. Hace tan sólo unas semanas gozaba todo lo que hoy anhelo y en un desesperado intento elevo los brazos intentando aferrarme a una figura que se evapora. Mi yo pasado. Se me van las fuerzas. Se me van los ánimos. Se me va la convicción. Llegan los miedos. Llega el sentirse pequeño, vulnerable, a pecho abierto, llegan los fármacos y llegan las condolencias. No doy un paso sin recordar el antes y el ahora, y me compadezco. La depresión es un tema serio. Me doy cuenta de ello una vez más. Sólo que esta vez no me río, no la miro por encima con el fulgor en la mirada de alguien que sobrevivió, de alguien que supo sobreponerse y salió avante. La miro con pequeñez y el corazón tímido mientras que ella con una sonrisa maliciosa se abraza a mi por la espalda y musita al oído palabras devastadoras. 

Amo mi hogar. Disfruto ver las paredes contándome historias a través de fotografías tomadas en otros tiempos. Adoro los muebles que han sido testigos de muchas anécdotas. Me fascina la idea de sentarme un rato por la tarde con una botella de Coca Cola helada y tocar los temas que me aprendí durante la semana para al final felicitarme por mis pequeños avances. Porque son gigantescos. A como amo todas las virtudes de estas paredes que me hacen sentir cómodo, también me asustan. No quiero que esto sea todo lo que veré el resto de mi vida. No quiero que a esto se reduzca mi existencia, mis días, mis hábitos. Me gustan las luces, los letreros de neón, reunirme con amigos a pesar de renegar momentos antes de recibir la invitación porque estaba distraído mirando Ghibli y sus maravillosas historias. Quiero... quiero eso que tenía antes. 

Soy un faro a pleno sol. Todos pasan tomados de la mano de alguien. He visto parejas rebosar de felicidad, solteros animados porque conocerán a alguien finalmente después de sólo tratarse en el ámbito laboral. Paso inadvertido. Estoy ahí... y nadie me ve. 

Intento dejar huellas. Intento que alguien sepa que existo, que estoy ahí, y eso me provoca tanto dolor, tanta pena, tanta lástima. ¿A dónde se fue mi orgullo? Gozaba de él. En otra época pude haber sido el caballero de armadura brillante salvando a la princesa después de una acalorada batalla contra dragones en el medioevo. 

Hoy sólo soy sombras.
Hoy soy un montón de recuerdos que añoro. 

Esta vez los pensamientos se apoderan de mi. Vienen en fila. Y me asustan. Sus intenciones no son buenas. 

¿En qué momento se me salió de control mi propia vida? Estaba entregado a lo que amo. Estoy entregado a la música, al amor de los míos, a agradecer la vida desde que despierto. No sé si es una etapa más, o un mal pasajero, si va a durar para siempre. Quiero poder decir sin que mi mente se autodestruya sola. Quiero poder elegir antes que las piezas de este rompecabezas estén todas rotas. 

Quiero mi vida de vuelta. 
 

@Quxtzal

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Me encanta como escribis, te juro que uno se apiada del personaje, me surgieron mil imágenes de tu relato, es muy vívido como lo contás.

Mis felicitaciones.

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Puff que lindo.

Que ser humano no ha pasado por toda esa catarsis  a lo largo de su vida.

Increible.

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Llevo leyendo varios escritos tuyo, no sé si hablas de ti o es solo ficción, pero te mando ánimos desde aquí. Fuerza.

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