Marcos Ameri Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Comparto un cuento muy conocido... El rey desnudoHasta la misma persona de un rey, llegaron dos charlatanes que se decían a si mismos sastres o tejedores. Afirmaban que eran capaces de elaborar las mejores telas, los mejores vestidos y las mejores capas que ojos humanos pudieran haber visto, sólo exigían que se les entregase el dinero necesario para comprar las telas, los bordados, los hilos de oro y todo lo necesario para su confección.Ahora bien dejaban bien entendido que tales obras sólo era posible verlo por aquellas personas que realmente fueran hijos de quienes todos creían que era su padre, y solamente aquellas personas cuyos padres no eran tales no serían capaces de ver la prenda.Admirose el rey de tan maravillosa cualidad y otorgó a los charlatanes todo aquello que estos solicitaban y encerrados en una habitación bajo llave, simulaban trabajar en confeccionar ricas telas con las que hacer un traje para el rey, y que este pudiera lucirlo en las fiestas que se acercaban.Curioso el rey de saber como iba su vestimenta, envió a dos de sus criados a comprobar como iban los trabajos; pero cual fue la sorpresa de estos cuando a pesar de ver como los picaros hacían como que trabajaban y se afanaban en su quehacer, estos no podian ver el traje ni las telas. Obviamente supusieron ambos que no lo podían ver porque realmente aquellas personas que ellos creían sus padres no lo eran y avergonzados de ello, ni el uno ni el otro comentaron nada al respecto y cuando fueron a dar explicaciones al rey se deshicieron en loas y parabienes para con el trabajo de los picaros.Llegado el momento en que el vestido estuvo terminado, el rey fue a probárselo pero al igual que sus criados no conseguía ver el traje, por lo que obviamente cayó en el mismo error en que ya habían caído sus criados y a pesar de no ver vestido alguno, hizo como si se probase el vestido alabando la delicadeza y belleza del vestido. Los cortesanos que acompañaban al rey presa de la misma alucinación también se deshicieron en alabanzas con el vestido a pesar de que ninguno de ellos era capaz de ver el vestido. Y es que conocedores todos de la cualidad del mismo, de que sólo aquellos que fueran hijos verdaderos de los que creían sus padres, solamente ellos serían capaces de contemplar el vestido, y no queriendo nadie reconocer tal afrenta todos callaron y todos afirmaron, desde el rey hasta el último de los criados.Llegado el día de la fiesta, el rey se vistió con el supuesto vestido y montado en su caballo salió en procesión por las calles de la villa, la gente también conocedora de la rara cualidad que tenía el vestido callaba y veía pasar a su rey, hasta que un pobre niño de corta edad, inocente donde los haya, dijo en voz alta y clara "el rey va desnudo".Tal grito pareció remover las conciencias de todos aquellos que presenciaban el desfile, primero con murmullos y luego a voz en grito todos empezaron a chismorrear "el rey va desnudo", ... "el rey va desnudo"; los cortesanos del rey y el mismo rey se dieron pronto cuenta del engaño y es que realmente el rey iba desnudo.Cuando fueron a buscar a los picaros al castillo, estos habían desaparecido con todo el dinero, joyas, oro, plata y sedas que les había sido entregado para confeccionar el vestido del rey. El engaño había surtido efecto y el rey iba desnudo.Si algunos conoce otro para compartir, es bienvenido. La idea es armar un topic con pequeñas historias.
Deidolon Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 (edited) El mejor cuento corto del mundo....maravilloso "Una mujer está sentada sola en una casa. Ella sabe que está sola en todo el mundo. Cualquier otra cosa viviente está muerta. Tocan a la puerta” Edited December 2, 2015 by deidolon
mr_weiland Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Instrucciones Para Llorar, Julio Cotázar Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Maxi Frini Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Les dejo un cuento de mi viejo, Daniel Frini. El jueves pasado presentó su primer libro, "Manual de autoayuda para fantasmas", justamente de cuentos cortos, con mucho material muy bueno. Éramos un millón de animalitos ciegos Entraron a mi hogar destruyendo todo. El primero en morir fue papá, al tratar de impedir que tomaran a mi madre; el más grande de los salvajes, el que a todas luces era el jefe del grupo, le asestó un tremendo golpe con su garrote, que deshizo su cabeza. Mi hermano mayor me tomó entre sus brazos y quiso sacarme de la Gran Sala, alejándonos de casa. Nunca supe de dónde vino el ataque. Se le doblaron las piernas y caímos. Cuando vi sus ojos vidriosos escudriñando el vacío comprendí que estaba muerto. Grité con todas mis fuerzas, en una mezcla de impotencia y locura. Ese fue mi último acto consciente. Nunca más volví a ver a mi familia. Los salvajes me encerraron en una caja pequeña, en completa oscuridad. Me alimentaban una vez por día y nunca me dejaron salir. El olor y la pesadez del aire eran insoportables. No sé cuánto duró esa agonía. Perdía el conocimiento de continuo. En mis escasos momentos de lucidez notaba, a veces, una negrura total y otras, hilos tenues de luz que iluminaban mis manos sangrantes e infectadas, como el resto de mi cuerpo. Y en todo momento, el movimiento bamboleante me mostraba que íbamos andando hacia un destino que desconocía. En el delirio de la fiebre oía desgarradores gemidos y hasta lo que, supuse, eran palabras que decían mis seguros compañeros de marcha y agonía. No reconocí sus lenguajes. Cierto día, el bullicio del exterior se hizo atronador. En algún momento abrieron la puerta de mi caja y dos salvajes me sacaron, arrastrándome, de ella. La claridad cegadora inundó mis ojos. Cuando, después de un tiempo, pude adaptar mi vista a la luz, comprendí que estaba en una jaula. Con gran esfuerzo, me puse en cuclillas y pude apreciar la inmensidad del espanto. Estábamos en una habitación muy grande, más grande que cualquiera que hubiese visto antes. Dispuestas a ambos lados de un pasillo; las jaulas, similares a aquella en la que ahora me encontraba, algunas más grandes, otras menores; estaban unas encima de las otras. En su interior, infinidad de seres de los que habitaron mi tierra. Desde los grandiosos Caballos-con-Trompa, hasta los hermosos Seres-que-Surcan-los-Cielos. Mi jaula ocupaba uno de los lugares más altos, casi a la altura de una ventana circular. Haciendo un esfuerzo y poniéndome en puntas de pie, podía ver por ella un paisaje desolado: una gran extensión de arena, con algunos arbustos esparcidos aquí y allá; una llanura chata apenas cortada por una montaña solitaria, a lo lejos, detrás del horizonte. En la jaula vecina habían colocado a una hembra de mi raza, a la que jamás había visto antes. La cubría de vergüenza su desnudez obligada, y aunque la supuse hermosa, su rostro con sangre seca, sus ojos rojos de llanto y su cuerpo tan maltratado, quizá como el mío; me empujaron a la pena y a la necesidad de consolarla. Le hablé con suavidad, pero ni siquiera me miró. Perdí la cuenta del tiempo que pasamos allí. No había ningún tipo de separación entre las jaulas de arriba y las de abajo, de modo tal que el excremento y la orina de las superiores caían de una a otra hasta llegar al piso. Muchos de los cautivos que estaban en las jaulas inferiores murieron. Cada día, una vez, los salvajes entraban a la Gran Habitación y retiraban los muertos, ponían a nuevos prisioneros, recién llegados, en otras jaulas y nos daban escaso alimento. Nos castigaban sin motivo. Creo que mi compañera enloqueció. Lloraba y llamaba sin descanso a su hijo. Finalmente, una mañana en que vi el cielo oscurecido por las nubes, se abrió la puerta de la Gran Habitación y entraron todos los salvajes. A su cabeza, uno de ellos, de pelo blanco y cara surcada por arrugas viejas, al que nunca habíamos visto; alzó su mano. Se hizo el silencio y con voz atronadora habló con palabras que no entendí, pero que aún escucho en mis oídos como a una maldición, como el motivo y razón de la muerte de mi mundo. Él dijo: “¡Animales! Mi nombre es Noé”. Afuera se desató la tormenta. Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches.
NicoDoppler Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Genio tu viejo. Me encantan esos cuentos que te pintan desde otra perspectiva la misma historia. Recuerdo "La casa de Asterion", por ejemplo.
punkito22 Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Sigo el tema es muy interesante y me encantan los cuentos cortos... cuando pueda agrego un par.. por supuesto que no de mi autoria...
Rechi Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Instrucciones Para Llorar, Julio Cotázar Muy bueno. A mi siempre me gusto este del mismo libro. Cortazar en estado puro: Instrucciones para matar hormigas en Roma Las hormigas se comerán a Roma, está dicho. Entre las lajas andan; loba, ¿qué carrera de piedras preciosas te secciona la garganta? Por algún lado salen las aguas de las fuentes, las pizarras vivas, los camafeos temblorosos que en plena noche mascullan la historia, las dinastías y las conmemoraciones. Habría que encontrar el corazón que hace latir las fuentes para precaverlo de las hormigas, y organizar en esta ciudad de sangre crecida, de cornucopias erizadas como manos de ciego, un rito de salvación para que el futuro se lime los dientes en los montes, se arrastre manso y sin fuerza, completamente sin hormigas. Primero buscaremos la orientación de las fuentes, lo cual es fácil porque en los mapas de colores, en las plantas monumentales, las fuentes tienen también surtidores y cascadas color celeste, solamente hay que buscarlas bien y envolverlas en un recinto de lápiz azul, no de rojo, pues un buen mapa de Roma es rojo como Roma. Sobre el rojo de Roma el lápiz azul marcará un recinto violeta alrededor de cada fuente, y ahora estamos seguros de que las tenemos todas y que conocemos el follaje de las aguas. Más difícil, más recogido y silencioso es el menester de horadar la piedra opaca bajo la cual serpentean las venas de mercurio, entender a fuerza de paciencia la cifra de cada fuente, guardar en noches de luna penetrante una vigilia enamorada junto a los vasos imperiales, hasta que de tanto susurro verde, de tanto gorgotear como de flores, vayan naciendo las direcciones, las confluencias, las otras calles, las vivas. Y sin dormir seguirlas, con varas de avellano en forma de horqueta, de triángulo, con dos varillas en cada mano, con una sola sostenida entre los dedos flojos, pero todo esto invisible a los carabineros y a la población amablemente recelosa, andar por el Quirinal, subir al Campodoglio, correr a gritos por el Pincio, aterrar con una aparición inmóvil como un globo de fuego el orden de la Piazza della Essedra, y así extraer de los sordos metales del suelo la nomenclatura de los ríos subterráneos. Y no pedir ayuda a nadie, nunca. Después se irá viendo cómo en esta mano de mármol desollado las venas vagan armoniosas, por placer de aguas, por artificio de juego, hasta poco a poco acercarse, confluir, enlazarse, crecer a arterias, derramarse duras en la plaza central donde palpita el tambor de vidrio líquido, la raíz de copas pálidas, el caballo profundo. Y ya sabremos dónde está, en qué napa de bóvedas calcáreas, entre menudos esqueletos de lémur, bate su tiempo el corazón del agua. Costará saberlo, pero se sabrá. Entonces mataremos las hormigas que codician las fuentes, calcinaremos las galerías que esos mineros horribles tejen para acercarse a la vida secreta de Roma. Mataremos las hormigas con sólo llegar antes a la fuente central. Y nos iremos en un tren nocturno huyendo de lamias vengadoras, oscuramente felices, confundidos con soldados y con monjas.
EnanoLaSueca Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 Muy buenos...sigo para leer los próximos
palitroki Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 dejo uno bastante perturbador, si sos impresionable no lo leas: TRIPAS – CHUCK PALAHNIUK Inhala.Coge tanto aire como puedas. Esta historia debería durar aproximadamente lo que puedas aguantar tu respiración, y entonces solo un poco mas. Así que escucha tan rápido como puedas. Un amigo mío, cuando tenia trece años oyó hablar de “hacerse estacas”. Es cuando un tío se mete un consolador por el culo. Se estimula la glándula de la próstata lo suficiente, y dicen que puedes tener orgasmos explosivos sin usar las manos. Con aquella edad, este amigo era un pequeño maniaco sexual. Siempre estaba investigando una nueva manera de soltar la carga. Salió a comprar una zanahoria y un poco de aceite de lubricar. Para hacer una pequeña exploración privada. Entonces se imagino lo que iba a parecer en la cola del cajero del supermercado, con la solitaria zanahoria y el aceite de lubricar rodando por la cinta transportadora de la caja registradora hacia el cajero. Todos los compradores esperando en la cola, mirando. Todo el mundo viendo la gran tarde que tenia planeada. Así que mi amigo compro leche, huevos, azúcar, y una zanahoria. Todos los ingredientes necesarios para un pastel de zanahoria. Y vaselina. Como si fuera a meterse un pastel de zanahoria por el culo. En casa apretó la zanahoria con el soporte de una herramienta fijadora. La embadurno con grasa y la recubrió con su culo. Entonces nada. Ningún orgasmo. Nada pasaba excepto que dolía. Entonces, este chico, oyó como su mama le gritaba que era la hora de la cena. Ella dijo que bajara, enseguida. Se saco la zanahoria y oculto aquella cosa mugrienta y resbalosa con la ropa sucia bajo su cama. Después de la cena, fue a buscar la zanahoria. Y ya no estaba. Toda la ropa sucia, mientras el cenaba, había sido recogida por la madre para hacer la colada. No había manera de que no hubiera encontrado la zanahoria, cuidadosamente ocultada con un cuchillo de untar de su cocina, aun apestosa y reluciente de jugos. Este amigo mío estuvo meses esperando cubierto de nubes negras. Esperando a que los suyos se lo echaran en cara. Y nunca ocurrió. Nunca. Incluso ahora que ha crecido, aquella zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de navidad, sobre cada fiesta de cumpleaños. En cada huevo de pascua que tiene con sus hijos, los nietos de sus padres, la zanahoria fantasma esta sobre ellos. Demasiado desagradable siquiera para mencionarlo. Los Franceses tienen una frase: “La solución del escalón”. En francés “esprit de l’escalier”. Hace referencia a ese momento en el que encuentras la respuesta, pero que ya es demasiado tarde. Digamos que estas en una fiesta y alguien te insulta. Tienes que decir algo, pero bajo presión, con todo el mundo mirándote, dices algo inconsistente. Pero cuando te vas de la fiesta…. Cuando empiezas a bajar los escalones, entonces se produce el momento mágico. Vuelves con la cosa perfecta que deberías haber dicho. El perfecto corte que te deja derrotado. Esa es la solución del escalón. El problema es que, incluso los Franceses, no tienen una frase para las estupideces que dices estando bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que sueles pensar o hacer. Algunas acciones son demasiado vergonzosas hasta para tener un nombre. Incluso para que se hablen de ellas. Volviendo atrás, los expertos en psicología infantil, los consejeros escolares dicen actualmente que la mayoría de los últimos casos de suicidios adolescentes eran de chicos que se asfixiaban mientras que se masturbaban. Sus familiares los encontraban, con una toalla enrollada alrededor del cuello del chico atada a la barra del armario de su cuarto. Muertos. Con esperma de muerto por todas partes. Por supuesto los familiares lo limpiaban. Le ponían unos pantalones a su hijo. Hacían que pareciera.. mejor. Por lo menos intencionado. El típico caso de triste suicidio adolescente. A otro amigo mío, un chico de la escuela, su hermano mayor de la armada le contó como los chicos del oriente medio se masturbaban de manera diferente a como nosotros lo hacíamos aquí. Este hermano estaba destinado en algún país con camellos donde en el supermercado vendían lo que podían considerarse divertidos abrecartas. Cada uno de estos simpáticos instrumentos eran simplemente una fina barra de plata de ley, quizás tan larga como tu mano, con un gran tope en uno de los extremos, como una gran bola de metal del tipo del que hábilmente se acuñan en el mango de una espada. Este hermano de la armada decía como los chicos árabes se empalmaban y entonces insertaban esta barra de metal por el orificio de su nabo. Se pajeaban con la barra dentro y esto hacia que correrse fuera mucho mejor. Mas intenso. Así tenemos a este hermano mayor que viajaba alrededor del mundo enviando frases Francesas. Frases Rusas. Útiles consejos de masturbación. A continuación tenemos al hermano pequeño. Un día no apareció por el colegio. Esa noche llamo por teléfono y me pregunto si podía recogerle los deberes durante las dos próximas semanas. Por que el estaba en el hospital. Tenia que compartir habitación con gente mayor con tratamientos en sus tripas. Contaba como tenían que compartir la misma televisión. Lo único que le daba algo de privacidad era una cortina. Sus familiares no fueron a visitarlo. Por teléfono me contó como de seguro estaba que sus padres podrían fácilmente matar a su hermano mayor de la armada. Por teléfono me contó como el día antes el estaba en su cuarto un poco colocado. En su casa, en su dormitorio, desplomado en su cama. Estaba encendiendo una vela y flipando con algunas viejas revistas porno preparándose para pajearse. Todo esto después de haber oído a su hermano de la armada. Los útiles consejos de cómo de hacían las pajas los árabes. El chico busco alrededor algo que pudiera hacer aquel trabajo. La barra de un bolígrafo era demasiado grande. Un lápiz era demasiado grande y basto, pero derretido junto a la vela había un delgado y suave reguero de cera que podría valer. Con el simple contacto de un dedo este chico aparto el largo reguero de cera de la vela. Lo hizo girar entre las palmas de sus manos. Largo, suave y delgado. Ciego y cachondo, lo introdujo para abajo. Mas y mas profundo dentro del orificio de su nabo. Con un poco de la cera aun fuera empezó a trabajárselo. Incluso ahora el dice que aquellos chicos árabes son malditamente inteligentes a tope. Habían reinventado completamente el hacerse pajas. De espaldas sobre su cama la cosas se estaban poniendo tan bien que este chico no era capaz de prestar atención a la cera. Tan dedicado a apretarse bien para echar fuera la corrida mientras que la cera no iba a salir fuera nunca mas. La delgada barra de cera de deslizo adentro. Dentro del todo. Tan adentro que no podía notarla en sus conductos urinarios. Desde abajo su madre grito que era hora de cenar. Ella dijo que bajara, ahora mismo. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero todos nosotros vivimos muy mucho la misma vida. Fue tras la cena cuando las entrañas del chico empezaron a doler. Es cera, así que el se imagino que simplemente se derretiría dentro de el y que la mearia. Y ahora, ahora le duele la espalda, los riñones, y no puede estar derecho. Mientras este chico hablaba desde la cama del hospital podías oír de fondo los timbres sonando, la gente gritando, los concursos. Los rayos X mostraron la verdad. Algo delgado y largo se había doblado dentro de su vejiga. Esta larga V de su interior estaba recolectando todos los minerales de su orina. Se estaba haciendo más grande y basta, recubriéndose con cristales de calcio, ensanchándose alrededor, rellenando el suave conducto de su vejiga, obstruyendo la salida de su orina al exterior. Sus riñones estaban del revés. Lo poco que goteaba de su picha era el rojo de la sangre. Este chico y los suyos, su familia al completo, todos mirando a la radiografía con los doctores y las enfermeras. La gran V de cera fosforeciendo en blanco para que todo el mundo la pudiera ver. El tuvo que decir la verdad. La manera en la que los árabes se pajeaban. Lo que su hermano mayor de la armada le había escrito en sus cartas. Por teléfono, en ese momento, empezó a llorar. Pagaron la operación de vejiga con el fondo para la universidad. Un fallo estúpido, y ahora el ya nunca será un abogado. Introduciendo cosas dentro de ti. Introduciéndote dentro de cosas. Una vela en tu picha o tu cabeza en un nudo. Sabíamos que iba a haber grandes problemas. Lo que me creo problemas a mi es lo que llamo “Buceo de perlas”. Esto significa machacártela bajo el agua, sentado en el fondo, en lo mas profundo de la piscina de mis padres. Con una respiración profunda me lanzo al fondo y mi deshago de mi bañador. Permanezco sentado allí dos, tres, cuatro minutos. Simplemente por pajearme poseo una gran capacidad pulmonar. Si tuviera la casa para mí solo lo haría todas las tardes; después de bombear hasta el final, mi material, mi esperma, se mantiene alrededor en grandes y gordos grumos lechosos. Después, más buceo. Para cojerlo todo. Recolectar y destripar cada puñado en una toalla. Por eso lo llamo “Buceo de perlas”. Incluso con el cloro siempre he de tener cuidado por culpa de mi hermana. O mi madre. Dios bendito. Ese solía ser mi peor temor en el mundo: mi adolescente hermana virgen pensando que simplemente estaba engordando, y luego dando a luz a un bebe retardado de dos cabezas. Ambas cabezas como la mía. La cabeza del padre y la del tío. Al final nunca es lo que tienes cuidado lo que acaba pillándote. La mejor parte del buceo de perlas era el desagüe para el filtro de la piscina y la bomba de circulación del agua. La mejor parte era desnudarse y sentarse encima. Como dirían los Franceses ¿A quien no le gusta que le chupen el culo? Tranquilamente, en un momento eres un chico pajeàndose, y un minuto después ya nunca serás un abogado. En un momento dado estoy sentado en el fondo de la piscina y el cielo es ondulante y celeste tras dos metros y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo es mudo excepto por latido de mi corazón en mis oídos. Mi bañador de rayas amarillas esta enrollado en mi cuello como medida de seguridad, por si un amigo, un vecino, o cualquiera aparece preguntando por que no he ido al entrenamiento de fútbol. El sorbido constante del desagüe del filtro me traga y yo desparramo mi canijo culo blanco con esa sensación. En un momento dado tengo suficiente aire y la picha en la mano. Mi padres están en el trabajo y mi hermana tiene ballet. Se supone que nadie estará en casa durante horas. Mi mano me lleva derecho a correrme y me paro. Nado hacia arriba para coger otra gran bocanada. Buceo hacia abajo y me asiento en el fondo. Lo hago una y otra vez. Debe ser por esto por lo que las chicas quieren sentarse en tu cara. La succión es como estar soltando la carga eternamente. Mi polla esta dura y mi culo siendo comido. No necesito aire. El latido de mi corazón en mis oídos. Permanezco abajo hasta que brillantes estrellas de luz empiezan a pulular alrededor de mis ojos. Abierto de piernas, con la parte de atrás de las rodillas pegadas al fondo de cemento. Los dedos de mis pies se vuelven azules. Los dedos de mis pies y de mis manos se arrugan de estar tanto tiempo en el agua. Entonces dejo que ocurra. Los grandes grumos blancos empiezan a desperdigarse. Las perlas. Entonces es cuando necesito algo de aire. Pero cuando voy a darme impulso con los pies contra el fondo, no puedo. No puedo poner mis pies debajo de mí. Mi culo esta atrapado. Los enfermeros de emergencias te dirán que cada año alrededor de 150 personas quedan atrapados de esta manera, sorbidos por una bomba de circulación. Enrédate con el pelo, o con el culo, y te vas a ahogar. Cada año toneladas de gente lo hace. La mayoría en Florida. La gente simplemente no habla de ello. Ni siquiera los Franceses hablan de todo. Levantando una rodilla, escurriendo un pie debajo mía empiezo a levantarme a medias cuando noto la tracción sobre mi culo. Poniendo el otro pie debajo de mi me doy impulso contra el fondo. Me libero pateando, sin tocar el fondo, pero sin conseguir aire tampoco. Aun pateando el agua, agitando ambos brazos, debo estar a mitad de camino de la superficie, pero sin subir más alto. El latido de mi corazón de los oídos se hace más fuerte y rápido. Las brillantes chispas de luz cruzan y recruzan mis ojos. Me vuelvo y miro atrás…. pero no tiene sentido. Una gruesa cuerda, como una serpiente, azul clara, trenzada con venas, ha salido del desagüe de la piscina y esta enganchada a mi culo. De algunas de las venas brota sangre, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desperdiga en pequeños hilos de la piel pálida de la serpiente. La sangre se aleja, desapareciendo en el agua, y dentro la delgada y azul clara serpiente puedes ver trozos de almuerzo medio digeridos. Esa es la forma en la tiene sentido. algún horrible monstruo marino, una serpiente de mar, algo que nunca ha visto la luz del día, ha estado ocultándose en el oscuro fondo del desagüe de la piscina, esperando para comerme. Así que lo pateo, pateo la deslizante y nudosa piel como de plástico, y sus venas, y parece como si saliera aun más del desagüe de la piscina. Debe de ser como mi pierna de larga ahora, pero aun se aferra fuerte alrededor del ojo de mi culo. Con otra patada estoy una pulgada más cerca de coger otra bocanada. Aun sintiendo a la serpiente arrastrándome por el culo estoy una pulgada mas cerca de mi evasión. Dentro de la serpiente, a nudos, se puede ver maíz y cacahuetes. Puedes ver una larga brillante pelota naranja. Es del tipo de las cápsulas para caballo de vitaminas que mi padre me hace tomar para ayudarme a coger peso. Para conseguir una beca de fútbol. Con extra de hierro y ácidos de grasa omega tres. Parece que esa pastilla de vitaminas es la que me salva la vida. No es una serpiente. Es mi intestino delgado. Mi colon sacado fuera de mí. Lo que los doctores llaman ¿PROLEPSIA?. Son mis tripas sorbidas por el desagüe. Los enfermeros te dirán que una piscina bombea 80 galones de agua por minuto. Eso son casi 400 libras de presión. El gran problema es que estamos totalmente conectados por dentro. Tu culo es simplemente el lejano final del tu boca. Si lo dejo ir la bomba continuará trabajando el deshilacheo de mis entrañas hasta que consiga mi lengua. Imagina cagando una mierda de 400 libras y veras como esto puede volverte del revés. Lo que puedo deciros es que tus tripas no sienten mucho dolor. No de la forma que tu piel lo hace. Las cosas que tu digieres son conocidas como materia fecal por los doctores. Antes de eso son pegotes de una masa suelta de revoltijos con maíz, cacahuetes y guisantes redondos verdes. Ahí estaba toda esa sopa de sangre y maíz, mierda, esperma y cacahuetes flotando alrededor mía. Incluso con mis entrañas deshilachándose fuera de mi culo, agarrándome a lo que aun les quedaba, incluso entonces mi mayor deseo era que alguien me pusiera de nuevo mi bañador. Que Dios no permita a mis padres ver mi polla. Una mano apretando el puño alrededor de mi culo. La otra mano desenganchando mi bañador de rayas amarillas intentando sacármelo de alrededor de mi cuello. Imposible ponérselos. Si quieres sentir tus intestinos compra un paquete de esos condones de piel de carnero. Coge uno y desenróllalo. Rellénalo con mantequilla de cacahuetes. Recúbrelo con aceite de lubricante y sumérgelo bajo agua. Entonces intenta rasgarlo. Trata de partirlo en dos. Es demasiado resistente, y como de goma. Es tan escurridizo que no puedes sujetarlo. Un condón de piel de carnero. Justamente como los intestinos. Así puedes imaginar a lo que estoy enganchado. Lo dejas ir un segundo y estas destripado. Nadas hacia la superficie, a por una bocanada, y estas destripado. No nadas y te ahogas. Es una opción entre estar muerto ahora mismo, o dentro de un minuto a partir de ahora. Lo que mis padres encontraran después del trabajo será un gran feto desnudo, vuelto sobre si mismo, flotando en las turbias aguas de su piscina trasera. Conectado al fondo por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. Lo contrario de un chico ahorcándose hasta morir mientras se hace una paja. Este es el bebe que trajeron del hospital hace trece años. Aquí esta el chico que ellos esperaban lograra conseguir una beca escolar y un titulo universitario. ¿Quién cuidara de ellos en su vejez? Aquí están todas sus ilusiones y sus sueños. Aquí flotan, desnudas y muertas. Y alrededor suya, grandes perlas lechosas de esperma desperdiciado. O eso, o mis padres me encontraran enrollado en una toalla sangrienta, dando espasmos a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, con las entrañas, retorcijos de restos de mis tripas, aun colgando de la pernera de mis bañadores de rayas amarillas. De lo que ni siquiera los Franceses hablaran. Aquel hermano mayor de la armada nos enseño otra buena frase. Una frase Rusa. La manera en la que nosotros decimos “Necesito eso como necesito tener un agujero en la cabeza….” los Rusos dicen “Necesito eso como necesito tener dientes en el ojo del culo….” Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Hay historias de animales atrapados en un cepo que se arrancan la pata. Bien, cualquier coyote te diría que un par de mordiscos, y al diablo con estar muerto. Demonios. Incluso si eres ruso, algún día puedes querer tener esos dientes. De otro modo, lo que tendrías que hacer es girar en redondo. Enganchar un codo bajo tu rodilla y levantar esa pierna hasta tu cara. Morder y desgarrar tu propio culo. Te estas quedando sin aire y mascarías cualquier cosa para conseguir la siguiente bocanada. No es una cosa que quisieras decirle a una chica en la primera cita. No si esperas un beso de buenas noches. Si os dijera como sabe, nunca jamás, nunca más volveríais a comer calamares. Es difícil decir con estaban mis padres mas disgustados: como me metí en problemas o como me salve. Después del hospital mi madre dijo: “No sabias lo que hacías cariño, estabas en estado de shock.”, y aprendió a cocinar huevos escalfados. Todas esas personas completamente llenas de sentimiento por mí… Lo necesito como necesito unos dientes en el ojo de mi culo. Hoy en día la gente siempre me dice que parezco muy delgado. En las cenas la gente se queda callada y molesta cuando no me como las marmitas de carne de vaca. La marmita de carne de vaca me mataría. La carne asada. Cualquier cosa que permanezca por mis tripas mas de un par de horas, sale fuera siendo aun comida. Guisantes caseros o atún ligeramente preparado. Me levantare y comprobare que siguen estando allí dentro en el inodoro. Después de tener una rediseccion radical de intestinos no digieres la carne tan bien. La mayoría de la gente tenéis metro y medio de intestino delgado. Yo tengo suerte de tener mis 18 centímetros. Consiguientemente nunca gane una beca de fútbol. Nunca un titulo universitario. Mis dos amigos, el chico de la cera, y el chico de la zanahoria, ambos crecieron y se hicieron grandes, pero yo nunca he engordado un kilo más que cuando tenia trece años. Otro gran problema fue que mis padres habían pagado un buen dinero por aquella piscina. Al final mi padre le dijo al encargado de la piscina que fue un perro. El perro de la familia cayo dentro y se ahogo. El cuerpo sin vida quedo enganchado en el desagüe. Hasta cuando el encargado de la piscina extrajo el filtro de la bomba, con un largo tubo como de plástico con una gran cápsula naranja de vitaminas dentro, incluso entonces mi padre dijo que “Ese perro estaba como un puta cabra”. Incluso desde mi dormitorio del piso de arriba se podía oír a mi padre decir que “No podíamos dejar a ese perro solo ni un segundo….”. Entonces a mi hermana no le vino el periodo. Incluso después de cambiar el agua de la piscina, después de vender la casa, de mudarnos a otro estado, del aborto de mi hermana, incluso entonces mis padres nunca lo volvieron a mencionar. Nunca. Esa es nuestra zanahoria invisible. Tú. Ahora tú puedes coger una buena bocanada. Yo aun no puedo.
leandrososa Posted December 2, 2015 Posted December 2, 2015 (edited) Genio tu viejo. Me encantan esos cuentos que te pintan desde otra perspectiva la misma historia. Recuerdo "La casa de Asterion", por ejemplo. Borges te vuelve loca la mente. La de Asterion es la de los laberintos infinitos si no me falla la memoria. También narra como muere Martin Fierro, pero no me acuerdo como se llama ese cuento.. Edited December 2, 2015 by leandrososa
Freakapotamus Posted December 3, 2015 Posted December 3, 2015 La de Palahniuk es tremenda. Cuando arrancas a leer el libro y de entrada te topas con terrible historia, no sabes como reaccionar. Acá dejo uno que encontré en el celular, probable producto de una noche pasada de birras. Va dedicado a @@Martin Olmos, que el otro día preguntó por algún escrito mío. Aquí mi humilde aporte. La cosa se pondrá peor Estaba hablándome cuando de repente un zumbido penetró mis oídos. Ella seguía con sus palabras, pero no había forma de prestarle atención. No era un zumbido doloroso, sino que en cierto modo era algo que te invitaba a acompañarlo, que te tentaba a perderte dentro de él, danzando una melodía vacía y sin sentido. Y después vino lo peor. La figura. Fue como un parpadeo, un flash, un fotograma infiltrado. El rostro más horrible que yo había visto en mi vida, presentándose ante mí, nublando mi visión, llenándome de terror. Si no grité fue porque el shock era más fuerte. Y así como apareció se esfumó, pero la imagen nunca jamás se fue de mi memoria. La volví a ver, en otros contextos y situaciones, incluso estando la figura cada vez más horrible y terrorífica. Pero no hubo mayor impresión que la primera, aquella en la cual hablando de cualquier otra cosa con la mujer de mi vida, Ella me visitó. Algunas veces era una vieja, otras era una niña deforme. Una vez apareció como un enano. Pero aquella primera vez… Aquella primera vez vino como una joven hermosa, lacerada y con mirada maliciosa. Nunca pude despegarme de la figura. Nunca pude despegarme del terror. Sólo sé que el día que deje de aparecer, va a ser el día que golpee mi puerta y me invite a ir con ella. Y si me niego, la cosa se pondrá peor. La cosa se pondrá peor.
Darbl Posted December 3, 2015 Posted December 3, 2015 Otro de Cortázar. Me acuerdo que me lo hicieron leer en la primaria y flasheé. Julio Cortázar - Continuidad de los parques Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestion de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subio los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oidos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
CebTheory Posted December 3, 2015 Posted December 3, 2015 Les dejo este link (por que esta en PDF y al querer copiar & pegar, sale todo mal) "No tengo boca y debo gritar" (para nosotros seria no tengo cuerdas y debo tocar) de Harlan Edison, excelente cuento corto (tan bueno que fue la inspiración de Skynet), lo conocí por el juego de PC con el mismo nombre, pero en este caso (el juego me gusto mucho) no supero al cuento aun con sus gráficoshttp://www.alconet.com.ar/varios/libros/e-book_n/No_tengo_boca_y_debo_gritar.pdf
NicoDoppler Posted December 3, 2015 Posted December 3, 2015 (edited) Borges te vuelve loca la mente. La de Asterion es la de los laberintos infinitos si no me falla la memoria. También narra como muere Martin Fierro, pero no me acuerdo como se llama ese cuento.. No voy a spoilear la de Asterion por si alguien no lo leyo, pero si, trata de laberintos ;) El de Martin Fierro se llama "Biografia de Tadeo Isidoro Cruz", tambien es un cuentazo. Y el que puso ahi "Continuidad de los parques", es genial. Con Cortazar me pasa algo muy particular. Me encantan sus cuentos, pero nunca pude terminar de leer Rayuela, me aburre demasiado. Despues tenes cuentos geniales como Axolotl, No se culpe a nadie, Carta a una señorita en Paris, La noche boca arriba, etc. Edited December 3, 2015 by NicoDoppler
juansic_2 Posted December 3, 2015 Posted December 3, 2015 Este no es tan corto pero vale la pena, "En la Cripta" de H.P. Lovecraft Nada más absurdo, a mi juicio, que esa tópica asociación entre lo hogareño y lo saludable que parece impregnar la sicología de la multitud. Mencione usted un bucólico paraje yanqui, un grueso y chapucero enterrador de pueblo y un descuidado contratiempo con una tumba, y ningún lector esperará otra cosa que un relato cómico, divertido pero grotesco. Dios sabe, empero, que la prosaica historia que la muerte de George Birch me permite contar tiene, en sí misma, ciertos elementos que hacen que la más oscura de las comedias resulte luminosa. Birch quedó impedido y cambió de negocio en 1881, aunque nunca comentaba el asunto si es que podía evitarlo. Tampoco lo hacía su viejo médico, el doctor Davis, que murió hace años. Se acepta generalmente que su dolencia y daños fueron resultado de un desafortunado resbalón por el que Birch quedó encerrado durante nueve horas en el mortuorio cementerio de Peck Valley, logrando salir sólo mediante toscos y destructivos métodos. Pero mientras que esto es una verdad de la que nadie duda, había otros y más negros aspectos sobre los que el hombre solía murmurar en sus delirios de borracho, cerca de su final. Se confió a mí porque yo era médico, y porque probablemente sentía la necesidad de hablar con alguien después de la muerte de Davis. Era soltero y carecía completamente de parientes. Birch, antes de 1881, era el enterrador municipal de Peck Valley, siendo un rústico y primitivo, incluso para como puede ser ese tipo de gente. Lo que he oído sobre sus métodos resulta increíble, al menos para una ciudad, e incluso Peck Valley se habría estremecido de haber conocido la dudosa ética de sus artes mortuorias en materias tan escabrosas como el apropiarse de los forros, invisibles bajo la tapa del ataúd, o el grado de dignidad que daba al disponer y adaptar los miembros no visibles de sus inquilinos sin vida a unos recipientes no siempre calculados con exactitud precisa. Más concretamente, Birch era dejado, insensible y profesionalmente indeseable, aunque no creo que fuera mala persona. Era, sencillamente, tosco de temperamento y profesión... bruto, descuidado y borracho, y así lo probaba su fácil tendencia a los accidentes, así como su carencia de esos mínimos de imaginación que mantiene el ciudadano medio dentro de ciertos límites fijados por el buen gusto. No sabría decir cuándo comienza la historia de Birch, ya que no soy un relator avezado. Supongo que puede empezar en el frío diciembre de 1880, cuando el terreno se heló y los sepultureros descubrieron que no podían cavar más tumbas hasta la primavera. Afortunadamente, el pueblo era pequeño y las muertes bastante escasas, por lo que fue imposible dar a todas las cargas inanimadas de Birch un paraíso temporal en el simple y anticuado mortuorio. El enterrador se volvió doblemente perezoso con aquel tiempo amargo y pareció sobrepasarse a sí mismo en descuido. Nunca había colocado juntos tantos ataúdes flojos y contrahechos, o abandonado más flagrantemente el cuidado del oxidado cerrojo de la puerta del mortuorio, que abría y cerraba a portazos, con el más negligente abandono. Al fin llegó el deshielo de primavera y las tumbas fueron laboriosamente habilitadas para los nueve silenciosos frutos del espantoso cosechero que les aguardaba en la tumba. Birch, aun temiendo el fastidio de remover y enterrar, comenzó a trasladarlos una desagradable mañana de abril, pero se detuvo, tras depositar a un mortal inquilino en su eterno descanso, por culpa de una tremenda lluvia que pareció irritar a su caballo. El cadáver era el de Darius Park, el nonagenario, cuya tumba no estaba lejos del mortuorio. Birch decidió que, el día siguiente, empezaría con el viejo Matthew Fenner, cuya tumba también se encontraba cerca; pero la verdad es que pospuso el asunto por tres días, no volviendo al trabajo hasta el día 15, Viernes Santo. No siendo supersticioso, no se fijó en la fecha, aunque tras lo que pasó se negó siempre a hacer algo de importancia en ese fatídico sexto día de la semana. Desde luego, los sucesos de aquella noche cambiaron enormemente a George Birch. La tarde del 15 de abril, viernes, Birch se dirigió a la tumba con caballo y carro, dispuesto a trasladar el cuerpo de Matthew Fenner. Él admite que en aquellos momentos no estaba del todo sobrio, aunque entonces no se daba tan plenamente a la bebida como haría más tarde, tratando de olvidar ciertas cosas. Se encontraba sólo lo bastante mareado y descuidado como para fastidiar a su sensible caballo, sofrenándolo junto al mortuorio, por lo que éste relinchó y piafó y se agitó, tal como lo hiciera la ocasión anterior, cuando le molestó la lluvia. El día era claro, pero se había levantado un fuerte viento, y Birch se alegró de contar con refugio mientras corría el cerrojo de hierro y entraba en el vestíbulo de la cripta. Otro no podría haber soportado la húmeda y olorosa estancia, con los ocho ataúdes descuidadamente colocados, pero Birch, en aquellos días, era insensible y sólo cuidaba de poner el ataúd correcto en la tumba correspondiente. No había olvidado las críticas suscitadas por los parientes de Hannah Bixby cuando, deseando transportar el cuerpo de ésta al cementerio de la ciudad a la que se habían mudado, encontraron en la caja al juez Capwell bajo su lápida. La luz era tenue, pero la vista de Birch era buena y no cogió por error el ataúd de Asaph Sawyer, a pesar de que era muy similar. De hecho, había fabricado aquella caja para Matthew Fenner, pero la dejó a un lado, por ser demasiado tosca y endeble, en un rapto de curioso sentimentalismo provocado por el recuerdo de cuán amable y generoso fue con él el pequeño anciano durante su bancarrota, cinco años antes. Había dado al viejo Matt lo mejor que su habilidad podía crear, pero era lo bastante ahorrativo como para guardarse el ejemplar desechado y usarlo cuando Asaph Sawyer murió de fiebres malignas. Sawyer no era un hombre amable y se contaban muchas historias sobre su casi inhumano temperamento vengativo y su tenaz memoria para ofensas reales o fingidas. Con él, Birch no sintió remordimientos cuando le asignó el destartalado ataúd que ahora apartaba de su camino, buscando la caja de Fenner. Fue justo al reconocer el ataúd del viejo Matt cuando la puerta se cerró de un portazo, empujada por el viento, dejándolo en una penumbra aún más profunda que la de antes. El angosto tragaluz admitía sólo el paso de los más débiles rayos, y el ventiladero sobre su cabeza virtualmente ninguna, así que se vio obligado a un profano palpar mientras hacía un trastabilleante camino entre las cajas, rumbo al pestillo. En esa penumbra fúnebre agitó el mohoso pomo, empujó las planchas de hierro y se preguntó por qué el enorme portón se había vuelto repentinamente tan recalcitrante. En ese crepúsculo, además, comenzó a comprender la verdad y gritó en voz alta, mientras su caballo, fuera, no pudo más que darle una réplica, aunque poco amistosa. Porque el pestillo tanto tiempo descuidado se había roto sin duda, dejando al descuidado enterrador atrapado en la cripta, víctima de su propia desidia. Aquello debió suceder sobre las tres y media de la tarde. Birch, siendo de temperamento flemático y práctico, no gritó durante mucho tiempo, sino que procedió a buscar algunas herramientas que recordaba haber visto en una esquina de la sala. Es dudoso que sintiera todo el horror y lo horripilante de su posición, pero el solo hecho de verse atrapado tan lejos de los caminos transitados por los hombres era suficiente para exasperarlo por completo. Su trabajo diurno se había visto tristemente interrumpido, y a no ser que la suerte llevase en aquellos momentos a algún caminante hasta las cercanías, debería quedarse allí toda la noche o más tarde. Pronto apareció el montón de herramientas y, seleccionando martillo y cincel, Birch regresó, entre los ataúdes, a la puerta. El aire había comenzado a ser excesivamente malsano, pero no prestó atención a este detalle mientras se afanaba, medio a tientas, contra el pesado y corroído metal del pestillo. Hubiera dado lo que fuera por tener una linterna o un cabo de vela, pero, careciendo de ambos, chapuceaba como podía, medio a ciegas. Cuando se cercioró de que el pestillo estaba bloqueado sin remisión, al menos para herramientas tan rudimentarias y bajo tales condiciones tenebrosas de luz, Birch buscó alrededor otra forma de escapar. La cripta había sido excavada en una ladera, por lo que el angosto túnel de ventilación del techo corría a través de algunos metros de tierra, haciendo que esta dirección fuera inútil de considerar. Sobre la puerta, no obstante, el tragaluz alto y en forma de hendidura, situado en la fachada de ladrillo, dejaba pensar en que podría ser ensanchado por un trabajador diligente, de ahí que sus ojos se demoraran largo rato sobre él mientras se estrujaba el cerebro buscando métodos de escapatoria. No había nada parecido a una escalera en aquella tumba, y los nichos para ataúdes situados a los lados y el fondo -que Birch apenas se molestaba en utilizar- no permitían trepar hasta encima de la puerta. Sólo los mismos ataúdes quedaban como potenciales peldaños, y, mientras consideraba aquello, especuló sobre la mejor forma de colocarlos. Tres ataúdes de altura, supuso, permitirían alcanzar el tragaluz, pero lo haría mejor con cuatro, lo más estable posible. Mientras lo planeaba, no pudo por menos que desear que las unidades de su planeada escalera hubieran sido hechas con firmeza. Que hubiera tenido la suficiente imaginación como para desear que estuvieran vacías, ya resultaba más dudosa. Finalmente, decidió colocar una base de tres, paralelos al muro, para colocar sobre ellos dos pisos de dos y, encima de éstos, uno solo que serviría de plataforma. Tal estructura permitiría el ascenso con un mínimo de problemas y daría la deseada altura. Aún mejor, pensó, podría utilizar sólo dos cajas de base para soportar todo, dejando uno libre, que podría ser colocado en lo alto en caso de que tal forma de escape necesitase aún mayor altitud. Y, de esta forma, el prisionero se esforzó en aquel crepúsculo, desplazando los inertes restos de mortalidad sin la menor ceremonia, mientras su Torre de Babel en miniatura iba ascendiendo piso a piso. Algunos de los ataúdes comenzaron a rajarse bajo el esfuerzo del ascenso, y él decidió dejar el sólidamente construido ataúd del pequeño Matthew Fenner para la cúspide, de forma que sus pies tuvieran una superficie tan sólida como fuera posible. En la escasa luz había que confiar ante todo en el tacto para seleccionar la caja adecuada y, de hecho, la encontró por accidente, ya que llegó a sus manos como a través de alguna extraña volición, después de que la hubiera colocado inadvertidamente junto a otra en el tercer piso. Al cabo, la torre estuvo acabada, y sus fatigados brazos descansaron un rato, durante el que se sentó en el último peldaño de su espantable artefacto; luego, Birch ascendió cautelosamente con sus herramientas y se detuvo frente al angosto tragaluz. Los bordes eran totalmente de ladrillo y había pocas dudas de que, con unos pocos golpes de cincel, se abriría lo bastante como para permitir el paso de su cuerpo. Mientras comenzaba a golpear con el martillo, el caballo, fuera, relinchaba en un tono que podría haber sido tanto de aliento como de burla. Cualquiera de los dos supuestos hubiera sido apropiado, ya que la inesperada tenacidad de la albañilería, fácil a simple vista, resultaba sin duda sardónicamente ilustrativa de la vanidad de los anhelos de los mortales, aparte de motivo de una tarea cuya ejecución necesitaba cada estímulo posible. Llegó el anochecer y encontró a Birch aún pugnando. Trabajaba ahora sobre todo el tacto, ya que nuevas nubes cubrieron la luna y, aunque los progresos eran todavía lentos, se sentía envalentonado por sus avances en lo alto y lo bajo de la abertura. Estaba seguro de que podría tenerlo listo a medianoche... aunque era una característica suya el que esto no contuviera para él implicaciones temibles. Ajeno a opresivas reflexiones sobre la hora, el lugar y la compañía que tenía bajo sus pies, despedazaba filosóficamente el muro de piedra, maldiciendo cuando lo alcanzaba un fragmento en el rostro, y riéndose cuando alguno daba en el cada vez más excitado caballo que piafaba cerca del ciprés. Al final, el agujero fue lo bastante grande como para intentar pasar el cuerpo por él, agitándose hasta que los ataúdes se mecieron y crujieron bajo sus pies. Descubrió que no necesitaba apilar otro para conseguir la altura adecuada, ya que el agujero se encontraba exactamente en el nivel apropiado, siendo posible usarlo tan pronto como el tamaño así lo permitiera. Debía ser ya la medianoche cuando Birch decidió que podía atravesar el tragaluz. Cansado y sudando, a pesar de los muchos descansos, bajó al suelo y se sentó un momento en la caja del fondo a tomar fuerzas para el esfuerzo final de arrastrarse y saltar al exterior. El hambriento caballo estaba relinchando repetidamente y de forma casi extraña, y él deseó vagamente que parara. Se sentía curiosamente desazonado por su inminente escapatoria y casi espantado de intentarlo, ya que su físico tenía la indolente corpulencia de la temprana media edad. Mientras ascendía por los astillados ataúdes sintió con intensidad su peso, especialmente cuando, tras llegar al de más arriba, escuchó ese agravado crujir que presagiaba la fractura total de la madera. Al parecer, había planificado en vano elegir el más sólido de los ataúdes para la plataforma, ya que, apenas apoyó todo su peso de nuevo sobre esa pútrida tapa, ésta cedió, hundiéndole medio metro sobre algo que no quería ni imaginar. Enloquecido por el sonido, o por el hedor que se expandió al aire libre, el caballo lanzó un alarido que era demasiado frenético para un relincho, y se lanzó enloquecido a través de la noche, con la carreta traqueteando enloquecidamente a su zaga. Birch, en esa espantosa situación, se encontraba ahora demasiado abajo para un fácil ascenso hacia el agrandado tragaluz, pero acumuló energías para un intento concreto. Asiendo los bordes de la abertura, trataba de auparse cuando notó un extraño impedimento en forma de una especie de tirón en sus dos tobillos. Enseguida sintió miedo por primera vez en la noche, ya que, aunque pugnaba, no conseguía librarse del desconocido agarrón que hacía presa de sus tobillos en entorpecedora cautividad. Horribles dolores, como de salvajes heridas, le laceraron las pantorrillas, y en su mente se produjo un remolino de espanto mezclado con un inamovible materialismo que sugería astillas, clavos sueltos y similares, propios de una caja rota de madera. Quizás gritó. Y en todo momento pateaba y se debatía frenética y casi automáticamente mientras su conciencia casi se eclipsaba en un medio desmayo. El instinto guió su deslizamiento a través del tragaluz, y, en el arrastrar que siguió, cayó con un golpetazo sobre el húmedo terreno. No podía caminar, al parecer, y la emergente luna debió presenciar una horrible visión mientras él arrastraba sus sangrantes tobillos hacia la portería del cementerio; los dedos hundiéndose en el negro mantillo, apresurándose sin pensar, y el cuerpo respondiendo con una enloquecedora lentitud que se sufre cuando uno es perseguido por los fantasmas de la pesadilla. No obstante, era evidente que no había perseguidor alguno, ya que se encontraba solo y vivo cuando Armington, el guarda, respondió a sus débiles arañazos en la puerta. Armington ayudó a Birch a llegar a una cama disponible y envió a su hijo pequeño, Edwin, a buscar al doctor Davis. El herido estaba plenamente consciente, pero no pudo decir nada coherente, sino simplemente musitar: "¡Ah, mis tobillos!" "Déjame" o "Encerrado en la tumba". Luego llegó el doctor con su maletín, hizo algunas preguntas escuetas y quitó al paciente la ropa, los zapatos y los calcetines. Las heridas, ya que ambos tobillos estaban espantosamente lacerados en torno a los tendones de Aquiles, parecieron desconcertar sobremanera al viejo médico y, por último, casi espantarlo. Su interrogatorio se hizo más que médicamente tenso, y sus manos temblaban al curar los miembros lacerados, vendándolos como si desease perder de vista las heridas lo antes posible. Siendo, como era Davis, un doctor frío e impersonal, el ominoso y espantoso interrogatorio resultó de lo más extraño, intentando arrancar al fatigado enterrador cada mínimo detalle de su horrible experiencia. Se encontraba tremendamente ansioso de saber si Birch estaba seguro -absolutamente seguro- de que era el ataúd de Fenner en la penumbra, y de cómo había distinguido éste del duplicado de inferior calidad del ruin de Asaph Sawyer. ¿Podría la sólida caja de Fenner ceder tan fácilmente? Davis, un profesional con larga experiencia en el pueblo, había estado en ambos funerales, aparte de haber atendido a Fenner como a Sawyer en su última enfermedad. Incluso se había preguntado, en el funeral de éste último, cómo el vengativo granjero podría caber en una caja tan acorde al diminuto Fenner. Davis se fue el cabo de dos horas largas, urgiendo a Birch a insistir en todo momento que sus heridas eran producto enteramente de clavos sueltos y madera astillada. ¿Qué más, añadió, podría probarse o creerse en cualquier caso? Pero haría bien en decir tan poco como pudiera y en no dejar que otro médico tratase sus heridas. Birch tuvo en cuenta tal recomendación el resto de su vida, hasta que me contó la historia, y cuando vi las cicatrices -antiguas y desvaídas como eran- convine en que había obrado juiciosamente. Quedó cojo para siempre, porque los grandes tendones fueron dañados, pero creo que mayor fue la cojera de su espíritu. Su forma de pensar, otrora flemática y lógica, estaba indeleblemente afectada y resultaba penoso notar su respuesta a ciertas alusiones fortuitas como "viernes", "tumba", "ataúd", y palabras de menos obvia relación. Su espantado caballo había vuelto a casa, pero su ingenio nunca lo hizo. Cambió de negocio, pero siempre anduvo recomido por algo. Podía ser sólo miedo, o miedo mezclado con una extraña y tardía clase de remordimiento por antiguas atrocidades cometidas. La bebida, claro, sólo agravó lo que trataba de aliviar. Cuando el doctor Davis dejó a Birch esa noche, tomó una linterna y fue al viejo mortuorio. La luna brillaba en los dispersos trozos de ladrillo y en la roída fachada, así como en el picaporte de la gran puerta, lista para abrirse con un toque desde el exterior. Fortificado por antiguas ordalías en salas de disección, el doctor entró y miró alrededor, conteniendo la náusea corporal y espiritual ante todo lo que tenía ante la vista y el olfato. Gritó una vez, y luego lanzó un boqueo que era más terrible que cualquier grito. Después huyó a la casa y rompió las reglas de su profesión alzando y sacudiendo a su paciente, lanzándole una serie de estremecedores susurros que punzaron en sus oídos como el siseo del vitriolo. -¡Era el ataúd de Asaph, Birch, tal como pensaba! Conozco sus dientes, con esa falta de incisivos superiores... ¡Nunca, por dios, muestre esas heridas! El cuerpo estaba bastante corrompido, pero si alguna vez he visto un rostro vengativo... o lo que fue un rostro... ya sabe que era como un demonio vengativo... cómo arruinó al viejo Raymond treinta años después de su pleito de lindes, y cómo pateó al perrillo que quiso morderlo el agosto pasado... era el demonio encarnado, Birch, y creo que su afán de revancha puede vencer a la misma Madre Muerte. ¡Dios mío, qué rabia! ¡No quiero ni pensar en que se hubiera fijado en mí! -¿Por qué lo hizo, Birch? Era un canalla, y no le reprocho que le diera un ataúd de segunda, ¡pero fue demasiado lejos! Bastante tenía con apretujarlo de alguna manera ahí, pero usted sabía cuán pequeño de cuerpo era el viejo Fenner. -Nunca podré borrar esa imagen de mis ojos mientras viva. Usted debió de patalear fuerte, porque el ataúd de Asaph estaba en el suelo. Su cabeza se había roto y todo estaba desparramado. Mira que he visto cosas, pero eso era demasiado. ¡Ojo por ojo! Cielos, Birch, usted se lo buscó. La calavera me revolvió el estómago, pero lo otro era peor... ¡Esos tobillos aserrados para hacerle caber en el ataúd desechado de Matt Fenner!
Dinosaurio Viviente Posted December 3, 2015 Posted December 3, 2015 Este lo lei en los 70s cuando era un niño y me dejó regulando... El Cable Nocturno(The Night Wire-1926) H. F. Arnold* "New York, 30 de Septiembre CP FLASH "El embajador Holliwell murió hoy. El final le llegó súbitamente cuando el embajador estaba solo en su estudio..." Había algo extraño sobre este negocio de los cables nocturnos. Uno se sienta aquí en el último piso de un rascacielos y escucha los murmullos de la civilización. Nueva York, Londres, Calcuta, Bombay, Singapur... eran todos mis vecinos cuando se apagaban las luces de la calle y cuando el mundo se había ido a dormir. Solo, en la quietud de la noche, entre las dos y las cuatro, las operadoras abrían sus auriculares y las noticias le llegaban. Fuegos, desastres y suicidios. Asesinatos, multitudes, catástrofes. Algunas veces un terremoto con una lista de muertos tan larga como un brazo. El hombre del cable nocturno podía llegar casi a dormirse, mientras escribía en su máquina con un dedo. Una vez en un largo tiempo uno abría sus oídos y escuchaba. Podía escuchar cosas sobre alguien que conocía en Singapur, Halifax o París. Tal vez habíaría sido promovido, pero más probablemente habría sido asessinado o ahogado. Quizás habría decidido renunciar y tomar alguna salida bizarra. Muchas cosas interesantes había en las noticias. Pero no pasaba seguido. La mayoría del tiempo uno se sentaba y dormitaba un poco, y tap, tap en la máquina de escribir y siempre deseando estar en casa para poder dormir en una cama. Algunas veces, sin embargo, cosas extrañas pasaban. Una pasó la otra noche, y todavía no se repitió. Eso espero. Ustedes saben, yo manejo la oficina nocturna de una ciudad occidental marítima; el nombre no importa. Había solamente un operador nocturno en mi staff, un compañero llamado John Morgan, de unos cuarenta años de edad, un tipo sobrio, que trabaja duro. Él era uno de los mejores operadores que jamás conocí, era como un hombre "doble". Esto significa que podía manejar dos instrumentos a la vez, y tipear las historias en diferentes máquinas al mismo tiempo. Solo conocí a otros dos hombres que podían hacer esto consistentemente, hora tras hora, sin jamás llegar a cometer un error. Generalmente, acostumbrábamos a recibir un solo cable nocturno, pero algunas veces, cuando era tarde, y las noticias venían rápido, las oficinas de Chicago y Denver abrían un segundo cable, y entonces Morgan hacía lo suyo. Era un mago, un autómata mecánico que funcionaba maravillosamente, pero sin imaginación. La noche del 16 él se mostró cansado. Fue la primera y última vez que lo escuché decir una palabra acerca de sí mismo, y lo traté por tres años. Eran justo las tres de la mañana y teníamos solo un cable. Estaba cabeceando sobre los reportes en mi escritorio y sin prestar mucha atención, cuando habló: - Jim - dijo -, ¿no sientes como que estamos muy encerrados aquí? - ¿Por qué? No, John - respondí -, pero abre la ventana si lo deseas. - No importa - dijo -, supongo que solo estoy un poco cansado. Eso fue todo lo que dijo, y yo continué trabajando. Cada diez minutos, más o menos, yo caminaba y tomaba una pila de copias de las que él había tipidiado por triplicado. Debieron haber pasado unos veinte minutos desde que habló cunado me di cuenta que tenía abierto el segundo cable y que estaba usando ambas máquinas de escribir. Pensé que era muy inusual, ya que no estaba pasando nada que fuera "caliente". En mi siguiente caminata tomé las copias de ambas máquinas y las llevé a mi escritorio, para ordenar los duplicados. El primer cable tenía el tipo de cosas normales y solo lo miré apresuradamente. Luego miré la segunda pila de copias. La recuerdo particularmente, ya que la historia era sobre una ciudad de la que jamás había escuchado hablar antes: "Xebico". Este era el despacho. Salvé un duplicado de esto de nuestros archivos: "Xebico, Sept 16 CP BOLETIN "La niebla más pesada en la historia de la ciudad se extendió sobre el poblado a las 4 en punto de la tarde de ayer. Todo el tráfico se paró y la bruma cayó como una tela sobre todo. Las luces de intensidad ordinaria no podían atravesar el fenómeno, que está creciendo constantemente." "Los científicos hasta ahora no han podido ponerse de acuerdo sobre su origen, y la oficina meteorológica local declara que nunca antes había ocurrido algo así en la historia de la ciudad. "A las 7 P.M. de anoche las autoridades municipales... (más) Esto era todo lo que había. Nada fuera de lo normal en la oficina, pero, como dije antes, me fijé en la historia a causa del nombre de la ciudad. Debieron haber pasado unos quince minutos hasta que me acerqué por otro destajo de copias. Morgan se había dejado caer en su silla y había corrido su lámpara eléctrica de manera que no le llegue a los ojos y solo alumbre la parte superior de las dos máquinas. Solo las cosas usuales en la pila de la derecha, pero en la de la izquierda había otro cable de Xebico. Todos los despachos venían en "tomas", o sea que las partes de varias historias diferentes estaban unidas todas entre sí; solo eran uno o dos párrafos de cada una por vez. Esta segunda historia estaba marcada como "Sube la niebla". Esta es la copia: "A las 7 P.M. la niebla a aumentado marcadamente. Todas las luces son ahora invisibles y la ciudad entera está cubierta por la oscuridad más absoluta. "Como una peculiaridad del fenómeno, la neblina es acompañada por un olor malsano, comparable a nada experimentado anteriormente." Abajo estaba la acostumbrada indicación de la hora, 3:27, y las iniciales del operador, JM. Hubo solamente una historia más en la pila del segundo cable. Esta es: "2a. Niebla Xebico. "La explicación del origen de la niebla difiere grandemente. Entre lo más inusual está la del sacristán de la iglesia local, que anda a tientas buscando el camino a su oficina en condición histérica. Él declaró que la niebla se originó en el camposanto del pueblo. "'Lo primero que se vio fue una suave neblina gris que surgió desde el interior de la tierra de las tumbas', declaró. 'Luego comenzó a subir cada vez más alto. Una brisa subterránea pareció extenderla, ya que se cuarteó y luego se volvió a unir. "'Niebla fantasma, contorsionándose en angustiosas y extrañas formas y figuras. Y luego, en el espeso centro del grueso de la niebla, algo se movió. "'Me volví y corrí de ese maldito lugar. Detrás mío escuché gritos viniendo de las casas que bordeaban el cementerio'. "A pesar de que la versión del sacristán ha sido desacreditada, una partida está investigando. Inmediatamente luego de contar esto, el sacristán colapsó y ahora está en el hospital local, inconciente. No era una extraña historia, ya que estábamos acostumbrados a este tipo de cosas, ya que muchas historias inusuales venían en los cablegramas. Pero por alguna razón, quizás por la quietud general de esa noche, el reporte de la niebla me causó una gran impresión. Fui casi con espanto sobre las pilas de copias. Morgan no se movió, y el único sonido en la habitación fue el tap-tap de la sonda. Era ominoso y exasperante. Hubo otra historia desde Xebico en la pila de copias. La tomé ansiosamente. "Nueva versión Niebla Xebico CP "La partida de rescate que llegó a las 11 P.M. para investigar la extraña versión sobre el origen de la niebla que desde ayer ha estado opacando la ciudad, no ha regresado. Otra partida más numerosa ha sido despachada. "En mientras, la niebla se ha puesto más abundante. Se cuela a través de las grietas en las paredes y llena los ambientes con un depresivo olor a putrefacción. Es opresivo, aterrorizante, trae la impresión sutil de cosas muertas durante mucho tiempo. "Los pobladores de la ciudad han dejado sus casas y han ido a tientas hacia la iglesia local, donde los curas llevan a cabo servicios de oración. La escena está más allá de toda descripción. Tanto los niños como los adultos están asustados y muchos entran en pánico. "Entre el vapor que cubre parcialmente el auditorio de la iglesia, un viejo sacerdote reza por el bienestar de su grey. Del público alternadamente se ven escenas de llanto y desesperación. "Desde las afueras de la ciudad se escuchan llantos de voces desconocidas. Su eco a través de la niebla provoca extrañas cadencias menores. Los sonidos se parecen al sonido del viento silbando en un gigantesco túnel. Pero la noche está calma y no hay viento. La segunda partida de rescate... (más)" Soy un hombre calmado y nunca, en los últimos doce años que llevaba con los cables, me había excitado tanto. Pero igual me levanté de mi asiento y caminé hacia la ventana. Podía estar equivocado, ¿o allá a lo lejos, en el desfiladero de la ciudad siguiente estaba viendo un débil rastro de neblina? ¡Pshaw! Era todo mi imaginación. En la oficina el click de la sonda parecía haber elevado el ritmo de su tono. Morgan no se había movido de su asiento. Su cabeza hundida entre sus hombros, sacaba las hojas fuera de las máquinas de escribir con un dedo de cada mano. Parecía adormecido, pero no; continuamente, eficientemente, las dos máquinas matraqueaban línea tras línea, implacablemente y sin esfuerzo, como la muerte misma. Había algo acerca del monótono movimiento de las teclas que me fascinaba. Caminé y me paré detrás de su silla, leyendo sobre su hombro las cosas que tipiaba, letra por letra. Ah, aquí había otro: "Flash Xebico CP "No habrá más boletines desde esta oficina. Lo imposible ha pasado. Ningún mensaje ha llegado a esta oficina durante los últimos veinte minutos. Fuimos aislados del exterior y hasta de las calles de afuera. "Voy a estar con el cablegrama hasta el final. "Este es el fin. Desde las 4 P.M. de ayer la niebla ha cubierto toda la ciudad. Siguiendo los reportes del sacristán de la iglesia, dos partidas de rescate fueron enviadas a investigar las condiciones en las afueras de la ciudad. Ninguna de las partidas regresó y no hemos recibido palabra de ellas. Casi con certeza se puede decir que nunca regresarán. "Desde mi máquina puedo mirar abajo, a la calle. Por la posición de esta habitación, en el piso trece, se puede ver casi toda la ciudad. Ahora veo solamente una espesa capa de negrura donde habitualmente había luz y vida. "Me temo grandemente que los gemidos que se escuchan constantemente desde las afueras de la ciudad son los gritos de muerte de los habitantes. Los sonidos crecen constantemente en volumen y cada vez se acercan más al centro de la ciudad. "La niebla aún cubre todo. Está más densa que antes, y su condición ha cambiado. En vez de una impenetrable muralla de vapor oloroso y opaco, ahora se ven remolinos y contorsiones de una masa informe que se retuerce como si agonizara. Ahora la masa se parte y puedo ver atisbos de las calles. "La gente está corriendo para un lado y para el otro, gritando con desesperación. Un alboroto de sonidos llega hasta la ventana, y por encima de todo está el inmenso silbido de vientos invisibles e imperceptibles. "La niebla nuevamente cubre toda la ciudad y el silbido se acerca más y más. "Ahora está directamente bajo esta oficina. "¡Dios! Hace un instante la bruma se abrió y pude vislumbrar las calles allá abajo. "La niebla no es un simple vapor. ¡Vive! Al lado de cada grito y lamento humano hay una figura, un aura de extraños matices y colores. ¡Cómo las formas están trepando! ¡Tal y cómo un ser viviente! "Los hombres y mujeres están caídos, de bruces. Las figuras de la niebla los cubren amablemente. Están de rodillas sobre ellos. Ellos están... no me atrevo a decirlo. "Los cuerpos han sido desarrapados de sus vestimentas. Están siendo consumidos, por partes. "Una piadosa capa de vapor ha cubierto nuevamente la escena. No puedo ver más. "Debajo mío la niebla está cambiando de colores. Parece alumbrado por fuegos infernales. No, no es así. He cometido una equivocación. Los colores vienen de arriba, son reflecciones del cielo. "¡Arriba! ¡Arriba! El cielo entero está en llamas. Colores como nunca antes habían sido vistos por hombres o demonios. Las llamas se mueven, han comenzado a entremezclarse; los colores se reconfiguran. Son tan brillantes que mis ojos no los soportan. "Ahora están comenzando a arremolinarse, provocando círculos como espirales. Es como un calidoscopio de brillo sobrenatural. "He hecho un descubrimiento. No hay nada dañino en las luces. Irradian fuerza, alegría. Pero por su gran potencia, hace daño. "Como veo, se acercan cada vez más. Millones de millas con la velocidad de la luz. Sí, es una luz como de una quintaesencia de todas las luces. Bajo la misma la niebla se disuelve en calina radiante, un espectro de cientos de luces, un arco iris fatuo. "Ahora puedo ver las calles. ¡Están llenas de gente! Las luces se acercan, están sobre mí. Me envuelven..." El mensaje se detuvo abruptamente. El cablegrama desde Xebico estaba muerto. Bajo mis ojos en el angosto círculo de luz verdecina de la lámpara, se detuvo la impresión, en el medio de la página. La estancia se llenó con una solemne quietud, un silencio vagamente impresionante, potente. Miré a Morgan. Sus manos habían caído fríamente a sus costados, mientras su cuerpo estaba peculiarmente encorvado. Moví la lámpara, para iluminar su rostro. Sus ojos estaban fijos. Con un súbito presentimiento, di un paso a su lado y llamé a Chicago a través del cablegrama. Luego de un segundo, respondió. ¿Por qué? Había algo malo ahí. Chicago estaba reportando que el cable Dos no había sido utilizado en ningún momento de la noche. - ¡Morgan! - grité - ¡Morgan! Despierta, no era verdad. Alguien nos estuvo embaucando. Porque... - en mi ímpetu lo aferré del hombro. Su cuerpo estaba muy frío. Morgan había estado muerto durante cuatro horas. ¿Pudo ser que su mente sensitiva y dedos automáticos habían continuado grabando impresiones luego del fin? Nunca lo sabré, ya que nunca más volví a trabajar en el turno nocturno. Busqué en un atlas mundial y nunca encontré ninguna ciudad con el nombre Xebico.
tupac Posted December 4, 2015 Posted December 4, 2015 Acá otro fana de "La casa de Asterión" Tengo un recuerdo muy lindo de un trabajo que hice para Luis Jalfen, un locazo lindo que fue mi profe en una materia del profesorado. Era un filósofo netamente posmoderno, y en un trabajo corto que nos mandó a hacer sobre Nietzsche, usé "La casa..." para explicar la base del pensamiento nihilista del alemán. Nada pretencioso ni profundo, pero me resultó una muy linda experiencia en la que me sorprendí y lo sorprendí al quía. De esas experiencias que te marcan, intransferibles.
Daniel Rey Posted December 5, 2015 Posted December 5, 2015 (edited) Uno mío, empujado por un par de lecturas de Borges: Escuchará la música aquel que baila en el espejo? Lejos del entendimiento, quito la abstracción de la mirada y vuelvo al escocés con agua. Ella ha notado la nostalgia, me sostiene del mentón a lo Hamlet y me besa sin prisa, un rito pausado y un poco banal, signo del vamos que ya es tarde. Las intenciones rompen el silencio, que es un arte y un castigo. Hemos apresurado el amor y otra vez los envases vacíos crujen bajo la cama, son tiempos de malas costumbres. Hay calles que aprisionan el aire de verano y no dan cabida a los abrazos nocturnos, cerrado el trato, asisten las pocas luces mi salida y el humo del cigarrillo se pierde detrás de la esquina. Se que va a llamar para saber si llegué bien y si he quitado las llaves del auto, confía poco en los borrachos. Hasta el sueño tiene sus preparativos, hoy no demasiados. Ante la propuesta de un viaje inmediato he apartado lo necesario y de ello lo inútil. Dejo las elucubraciones y el Molloy de Beckett para entretener el viaje y parto. Buenos Aires me devuelve siempre un particular interés por los rincones, será por la necesidad de referencias o el instinto de supervivencia. Opto generalmente por los de los bares, conozco su gente. Tengo la guía de Sábato y Borges a mano por si acaso, los lugares nuevos abundan cuando no los buscamos. Hay un interesado en sus servicios, lo requerimos urgente, preséntese mañana: dirección, pasajes, hotel y comidas, lo convenido hasta ahora se cumple. Desde el avión vengo pensando el por qué después de tanto han vuelto a llamar. Taxi por Libertador, casa de altos no muy distinta de otras tantas. La figura del viejo no me sorprende aunque alerta, herencia de la inquietud telúrica, distingo lo suficiente en sus rasgos para prefigurar su aquejamiento. Ha sufrido meses, me dicen, y no tiene esperanza alguna. Por cortesía, le pido que nos dejen solos. Sentado en el borde de la cama, mido su respuesta con acciones simples, su pulso es débil y casi no ve, entiendo que debo comunicarme con tranquilidad. Necesito entender sus temores para empezar. De a poco le suelto la historia, uso esta vez los niños perdidos, la recreación de un pantano, la bruma, la noche y las ausencias. Ya tengo su atención: ahora voy a explicarle. Sentirá en principio cómo el peso de su cuerpo se pierde, pronto recobrará la movilidad y podrá asirse de si mismo, hágalo. En ese momento, seguro de su integridad, libere de nuevo sus miembros y erguido, abra los ojos. No busque referencias, no las hay. Estará usted en un espacio vacío infinito, la nada misma lo envolverá hasta perderlo. No debe preocuparse, todo indica que si estoy aquí, es para guiarlo. Ahora necesito que entienda, transitar es inútil, no hay destinos. En lo inmediato, le invadirán la duda y el desasosiego, aquí usted tiene pocas opciones. Cierre los ojos. Imagine su versión del cielo, poblado por seres queridos y memorias de dicha, sus apetencias y ambiciones. En cambio si la culpa es su cruz, hágase usted mismo un infierno: deberá recordar el fuego y los demonios si quiere la versión clásica. Mi sugerencia es otra, si lo prefiere: recupere la templanza y esfuerce el recuerdo, plante su figura de joven frente a un espejo y ponga música. Si logra recrear los detalles, al menos la satisfacción de conocerse lo hará olvidar el vacío que le rodea. Usted ha elegido morir el día de hoy, otros permanecemos en espacios vacíos, de pie ante nuestra figura tiempo suficiente para sentirnos vivos. Mientras suene la música. Espacios vacíos D. Rey 29/01/11 Edited December 5, 2015 by Daniel Rey
Gabo Posted December 5, 2015 Posted December 5, 2015 Mi cuento corto favorito, justamente uno de Borges Los dos reyes y los dos laberintos Jorge Luis Borges Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.
Gianluca Paul Les Paul Posted December 6, 2015 Posted December 6, 2015 Traigo un cover :mrgreen: La muerte en SamarraGabriel García Márquez El criado llega aterrorizado a casa de su amo. -Señor -dice- he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.El amo le da un caballo y dinero, y le dice:-Huye a Samarra.El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor se encuentra a la Muerte en el mercado.-Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza -dice.-No era de amenaza -responde la Muerte- sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.
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