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Aunque el mundo desaparezca...- Cap. 4- "Yo soy Rock, Yo soy Blues..."


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-Abri grande la boca, no tengas miedo….

Cada vez que Leila recibía un paciente en el consultorio del Dr. Martín Perales, debía completar los formularios requeridos por la Clínica Mitre, llevarlo hasta el consultorio y realizarle el examen para determinar el estado buco dental de cada paciente. Completado el mismo, todo quedaba registrado en una ficha que se completaba en azul, verde y rojo, registrando en el mismo orden, pequeños arreglos, caries incipientes y piezas dentales perdidas.

 

Si bien era una tarea rutinaria y que no encerraba riesgo alguno, era motivo de estudio el comportamiento con que ciertos pacientes llegaban al sillón.

En realidad, desde el vamos, el hecho de concurrir al dentista, no resulta en una decisión voluntaria, salvo que nos aqueje un dolor que no nos permita sentirnos bien. De lo contrario, difícilmente nos percatamos sobre el estado de nuestras piezas dentarias ,salvo controles periódicos de rutina, motivos laborales, pre laborales o de urgencia inevitable, no realizamos.

Sin embargo el Dr. Martin Perales, por alguna razón, recibía repetidamente la visita de sus mas antiguos pacientes y de algunos mas, que resultaban ser recomendados de los anteriores.

 

Perales, en todo caso, sentía por sus venas y su corazón el orgullo de su profesión, que venia de generación en generación desde su bisabuelo portugués, O Tiradente Dr. Perales, do Porto Alegre.

No solo esto había heredado Martin Perales de sus ancestros, sino el amor por la música, la literatura y, por sobre todo, el canto.

La pluma y la garganta, fueron sus primeras herramientas en la vida.

Filosofo por la vida misma, amante de las culturas que supieron dejar sus marcas en la ciencia y el pensamiento de la historia, supo de joven domar los impulsos, observar a su entorno y concluir, con la certeza del narrador minucioso, en que “no solo aquello que observamos es lo que habla bien de un hombre, sino también lo que oculta a la vista, pero en su silencio transmite “. Esa fue su hipótesis presentada durante la decimocuarta exposición de Humanidades y Letras celebrada en el Salón Oval del Hotel Sheraton, en la cual participó en el 2008 y que le hiciera merecedor del premio Platón en la presentación de Nuevos Pensadores Argentinos.

 

Paralelamente a su amor por las artes literarias, Martín Perales culminó su carrera de Odontólogo y prosiguió con el mismo ímpetu su labor de entrega incansable y compromiso por la salud dental de sus pacientes, que desde el boca en boca, seguían sumándose a su lista interminable.

 

-Te repito: abrí bien la boca, por favor. Es solo para controlar.

La paciencia de Leila, era interminable en casos donde la ciencia requería de un esfuerzo mas para llegar a un cierre provechoso. Un paciente que se va feliz, es un ser humano en paz y agradecido. Y cuando es agradecido, vuelve. Y si vuelve, es caja. Y si es caja, como, me visto y salgo, pensaba Leila.

 

El problema no era que se le había agotado la paciencia, el problema venia por otro lado.

Resulta que quien estaba en la silla, era Edgardo Emesse, uno de los nuevos pacientes que acudían al consultorio de Perales.

Joven, estudiante de arte gráfico, diseñador por vocación, observaba a Leila desde su sillón reclinado de cuerdo blanco, e imaginaba que una reina del planeta Arvis lo venía a secuestrar para trasladarlo en su nave nodriza y así engendrar, cópula mediante, una nueva raza bella e inteligente que llevaría adelante ambos planetas, para terminar poblando el viejo e intergaláctico cosmos, de una raza dominante y especial: Los Arvisemesses.

Edgardo, se detenía especialmente, en la parte donde debía copular, cientos de veces, hasta lograr una colonia lo suficientemente importante para propagarse con rapidez.

Miraba a Leila, calculaba el largo de su delantal blanco, calculaba la cantidad de milímetros que separaban aquella tela de su piel, calculaba la piel y la cantidad innumerable de poros, la multiplicaba por millones y cuantificaba las células, para perderse, nuevamente, en la cópula…

 

La imaginación de Edgardo era infinita, alimentada dia a dia por el ejercicio que le llevaba la creación de los comics en la Editorial Jacobs.

No era una editorial masiva, sino de tirada de culto.

Nacida en el seno de Quilmes, Jacobs se hacia cargo de la impresión de dos revistas de mucha acepatcion en la comunidad under: The Ripper, una historia que nació teniendo como escenario los suburbios londinenses, donde se decía que vagaba el espíritu del mismisimo Bon Scott en búsqueda del gran Jimmi Hendrix, para invitarlo a formar una banda de las mismísimas entrañas del mas allá, en compañía de Boham y Tommy Bolin. Para ello Scott, contrató a la muerte para contactar a Jimmi, prometiéndole llevarle al menos, un rockstar por cada año de contrato que la muerte pudiese perder en tratar de convencer a Jimmi.

 

La otra era The Blues Mollo, la historia de un blusero latino americano que al cumplir las 30 millas por la ruta 66 de Estados Unidos, desembarca en estas tierras con un compilado de blueses que el mismo compuso y recreó en los 1205 bares que tocó durante su recorrido. Cada vez que sube al escenario, se cuelga su stratocaster batallada, eleva su brazo derecho y desde lo alto, cual profeta  del rock, agita su cancionero y pregona: “ ¡Yo soy Rock, yo soy Blues, yo soy todo para vos, porque eres todo para mi , Nena…!!! 1,2,3…”.

  • Moderador Jefe
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Muy bueno @@Sevenseas, con lindos guiños!

Ademas, “No solo aquello que observamos es lo que habla bien de un hombre, sino también lo que oculta a la vista, pero en su silencio transmite “ es una gran reflexion

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